¿Cómo es una terapia cognitivo-conductual para ira?

Por cada minuto que pasas enojado, pierdes 60 segundos de salud mental.

– Ralph Waldo Emerson

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¿Alguna vez has sentido que explotas por algo “pequeño” y después te arrepientes?

Tal vez levantaste la voz en una discusión, dijiste algo hiriente o reaccionaste con más fuerza de la que querías. En ese momento la ira tomó el control, y lo que parecía un desahogo terminó dejando culpa, tensión y distancia con los demás.

La ira es una de las emociones básicas que todos tenemos. Es normal que aparezca cuando las cosas no salen como queremos o cuando sentimos que algo es injusto. El problema es que, si no la manejamos bien, puede llevarnos a gritar, discutir o incluso agredir a otras personas.

Cuando la ira se descontrola, las consecuencias no tardan en aparecer:

  • Relaciones dañadas: quienes nos rodean se sienten lastimados, se alejan o nos critican por nuestras explosiones.
  • Malestar interno: después de estallar suele llegar la culpa, la tristeza y la frustración. La ira primero sale hacia afuera, pero luego regresa hacia dentro, convirtiéndose en autocrítica.

Si sientes que tu enojo está afectando tu vida y quieres aprender a manejarlo mejor, sigue leyendo. En este artículo te explicaré cómo funciona la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) para el control de la ira y cómo puede ayudarte a transformarla en una herramienta positiva.

¿Qué es la ira?

La ira suele tener mala fama: mucha gente la ve como “la emoción más negativa”. Y sí, cuando se descontrola puede destruir relaciones, debilitar nuestra salud física y llevarnos a actuar de manera impulsiva.

Pero no todo es negativo. La ira también es una de las emociones más primitivas y cumple una función esencial: ayudarnos a defendernos ante agresiones o injusticias. Nos da energía para reaccionar y poner límites.

Ejemplo: elevar la voz para detener una crítica injusta.

Bien dirigida, la ira puede convertirse en un recurso para ser más asertivos, defender nuestras necesidades y evitar que otros pasen por encima de nosotros. El problema aparece cuando la ira deja de estar bajo nuestro control.

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La ira está presente en el reino animal de formas distintas, pero con la misma función: Protegernos.

¿Qué causa la ira descontrolada?

No siempre nos enojamos solo por lo que pasa, sino por cómo aprendimos a manejar nuestras emociones. Algunas experiencias que facilitan la ira descontrolada son:

  • Haber crecido en un ambiente familiar hostil, donde se agredía en lugar de dialogar.
  • Dificultad para expresar emociones o necesidades.
  • Sentir frustración porque los demás “no entienden” lo que queremos.
  • Creer que “no me puedo controlar” (una idea falsa que refuerza los estallidos).
  • No saber manejar emociones como tristeza o impotencia, que terminan transformándose en enojo.

¿Cómo ayuda la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) a manejar la ira?

La Terapia Cognitivo Conductual (TCC) para controlar la ira tiene el objetivo de que puedas aprender estrategias para usarla mejor, además de poder expresarla positivamente, se trabaja en 3 frentes:

  1. Pensamientos
  2. Sensaciones fisiológicas (del cuerpo).
  3. Relación con las demás personas.

1. Pensamientos

Los pensamientos (especialmente las suposiciones), nos causan emociones fuertes y exageradas a situaciones que no lo ameritan.

Usualmente, las personas que tienen dificultades para el manejo de la ira, suelen tener distorsiones cognitivas como:

  • Falacia de Justicia: La creencia de que los demás tienen que ser justos con nosotros o que la vida tiene que ser justa, el problema con esta forma de pensar es que el mundo o los demás no siempre serán justos, cuando esto pase es fácil sentir frustración (por tener expectativas muy altas) y esto causará que la persona se moleste.
  • Personalización: Personalizar es cuando alguien hace algo o algo pasa, y sentimos que tiene que ver con nosotros, como si hubiera complots en nuestra contra, esto puede llevar a que malinterpretemos situaciones y nos sintamos atacados constantemente, y entonces vamos a buscar defendernos de “ataques” que no están sucediendo.
  • Lectura de pensamiento: Leemos el pensamiento cuando adivinamos lo que los demás están pensando sin pruebas, esto puede llevar a que pensemos que nos juzgan o que tienen malas intenciones aunque no sea así, y por tanto, molestarnos aunque ellos no estén pensando en nosotros.

Al ir a TCC, se entrena a las personas para controlar sus pensamientos negativos, lo que reduce ataques de ira, celos, y malestar emocional, esto por medio de una técnica llamada Reestructuración Cognitiva, que tiene como fin cambiar esas ideas negativas por unas más realistas y positivas.

2. Parte Fisiológica

La ira no solo está en la mente: también se siente en el cuerpo. Tensión muscular, calor, palpitaciones… todo eso puede hacer que perdamos el control.

Por eso, una de las herramientas más efectivas es aprender técnicas de relajación, que permiten bajar la activación física y ganar unos segundos clave antes de reaccionar de forma impulsiva.

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Aprender una técnica de relajación es muy útil, porque es la base para poder detenerse antes de agredir, y ayuda al manejo de pensamientos, mejor toma de decisiones y relajación en el cuerpo.

Comunicación

La ira suele aparecer cuando sentimos que los demás nos faltan al respeto o no nos entienden. Muchas veces no es sólo “culpa” de los otros, también podemos tener responsabilidad porque no expresamos lo que nos molesta a tiempo, y terminamos acumulando frustración hasta explotar.

La TCC trabaja este frente con dos herramientas clave:

Entrenamiento asertivo:

Si te interesa conocer a detalle sobre asertividad, te recomiendo leer: Asertividad: Una herramienta para el crecimiento personal y profesional.

La asertividad es el punto medio entre dos extremos:

  • Pasividad: callar, ceder y dejar que los demás pasen por encima.
  • Agresividad: imponer lo que queremos sin importar los demás.
  • Asertividad: expresar con claridad lo que necesitamos, defendiendo nuestros derechos sin atacar a nadie.
Asertividad, pasividad y agresividad
Asertividad es defendernos justamente, Pasividad es dejar que nos pasen por encima, Agresividad es imponernos ante los otros, la que asegura mejor salud mental, es la Asertividad.

Por ejemplo: En lugar de aguantar comentarios que no nos gustan, para luego explotar y gritar: “¡Ya cállate!”, es mejor decir a tiempo: “Prefiero que me dejes terminar y después te escucho, así no nos interrumpimos.”

En el entrenamiento asertivo se entrena a la persona para que pueda exigir sus derechos sin violentar los de los demás, en el tratamiento de la ira, la asertividad cumple un papel central: consiste en defender nuestros derechos sin pasar por encima de los de los demás, los dos extremos se trabajan así:

  • Cuando la ira se expresa con agresividad, la persona tiende a exigir o imponer de manera hostil. Aquí el entrenamiento se centra en aprender a pedir las cosas de forma amable, clara y positiva, reduciendo los conflictos.
  • Cuando la ira surge de una postura pasiva, la persona suele ceder demasiado y acumula frustración porque los demás se aprovechan. En este caso, el trabajo es aprender a decir “no”, poner límites y defenderse sin miedo ni culpa.

En ambos escenarios, el objetivo es el mismo: expresar lo que necesitamos de forma equilibrada, evitando que la ira se acumule o se desborde.

Entrenamiento en habilidades sociales:

Las habilidades sociales son clave para prevenir que la ira escale. Se trata de aprender a comunicar lo que pensamos y sentimos de una manera clara y respetuosa, fortaleciendo nuestras relaciones en lugar de desgastarlas.

  • Cuando alguien no sabe expresar desacuerdo, puede acumular malestar y explotar después. En terapia se entrena a decir lo que no le gusta de manera directa y respetuosa, en lugar de quedarse callado o reaccionar con enojo.
  • También se trabaja la capacidad de pedir ayuda o apoyo, porque las personas con redes sociales fuertes suelen manejar mejor sus emociones y no descargan la ira de forma destructiva.

El objetivo es que la persona logre relaciones más sólidas y funcionales, donde la comunicación fluya y la ira no sea la única vía para expresar lo que necesita.

Para concluir

La ira no es tu enemiga: es una emoción natural que, si la aprendes a manejar, puede convertirse en una herramienta para defenderte de manera justa y construir relaciones más sanas. El problema no es sentir enojo, sino dejar que tome el control de tu vida.

Si te identificaste con este tema y quieres aprender a manejar mejor la ira con apoyo profesional, puedes hacer contacto conmigo aquí.

También puedes seguirme en mi página de Facebook, donde comparto herramientas sobre salud mental, autoestima, relaciones y más.

Gracias por leer hasta aquí. Ojalá esta información te ayude a vivir con más calma y confianza.

Publicado por Carlos Morales

Soy psicoterapeuta de enfoque clínico cognitivo conductual con 7 años de experiencia con niños, adultos y parejas. Escribo en esta página y en Facebook para explicar mejor sobre usos prácticos de la psicología, además de promocionar mis servicios por medio de la información, mi mayor interés es orientar de forma comprensible cómo sirve la psicología para derribar mitos y dar herramientas para mejorar la calidad de vida de las personas.

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