Vivir para agradar: la creencia que desgasta tu bienestar

Hay personas que viven con la sensación constante de estar siendo evaluadas.

Tal vez te ha pasado: piensas qué decir, cómo actuar o qué decidir, no tanto por lo que realmente quieres, sino por cómo podrías ser percibid@. Y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a vivir tratando de agradar, en cierta forma vivir para complacer a los demás.

Con el tiempo, este esfuerzo constante por quedar bien genera ansiedad, inseguridad y una desconexión de tus propias necesidades.

Detrás de esto suele haber una creencia muy extendida, una creencia irracional que dice así:

“Necesito ser amado y aprobado por todas las personas a mi alrededor”.

Muchas personas han pensado esto en algún momento y esto no es nuevo, en efecto, esta creencia fue detectada por el Dr. Albert Ellis desde la época de los 60s, por lo que podemos decir que ha sido una creencia duradera que se ha transmitido por mucho tiempo.

La idea es irracional porque el problema no es desear aprobación (eso es humano), sino convertir esa aprobación en una necesidad psicológica.

Cuando alguien sostiene esta creencia, suele darle un peso excesivo a la opinión de los demás. Puede volverse muy cuidadoso con su conducta, evitar el conflicto y esforzarse constantemente por complacer, no por conexión genuina, sino por miedo a no ser aceptado.

Además, esta creencia suele venir acompañada de otra idea todavía más dañina:
la idea de que no ser amado o aprobado no sería solo incómodo o frustrante, sino horrible o incluso insoportable.

Fuente: Adaptado de Ellis, A. (1980). Razón y emoción en psicoterapia. Editorial Desclee de Brower. Traducción de Ana Ibáñez.

¿Por qué esta creencia nos lleva al sufrimiento?

Vivir con esta idea suele llevar a:

  • Vivir en una especie de “cárcel mental”, donde lo que opinen los demás termina definiéndonos.
  • No actuar por lo que queremos, sino por lo que creemos que “debemos” hacer para ser aceptados.
  • Descuidar nuestras propias necesidades por miedo al rechazo.
  • Confundir agradar a los demás con ser verdaderamente amados.

Paradójicamente, cuanto más buscamos aprobación, más inseguridad solemos transmitir. Y eso, lejos de acercarnos a los demás, muchas veces los aleja o incluso nos hace perder su respeto.

Hacer “lo que sea” para agradar suele tener un costo: dejamos de mostrarnos auténticos.

Además, complacer a los demás no garantiza amor. En muchos casos, las personas terminan valorando lo que hacemos por ellas, no quiénes somos.


¿Por qué esta creencia no es realista?

Porque:

  • Ser amado o aprobado por todas las personas importantes es un objetivo inalcanzable y perfeccionista. Simplemente no es posible.
  • Intentar quedar bien con todos consume tiempo y energía que podríamos usar en cosas más valiosas para nuestra vida.
  • Estar pendientes de cada reacción ajena suele aumentar la inseguridad y la autocrítica.
  • La búsqueda constante de aprobación nos lleva a esforzarnos por obtener validación, en lugar de conectar de forma auténtica y construir relaciones profundas.

Por eso, aunque esta creencia se siente “lógica” emocionalmente, en la práctica no nos ayuda y termina generando más malestar.


¿Cuál es la forma racional (y más sana) de esta creencia?

No es lo mismo desear aprobación que necesitar amor.

Desear cosas es natural; convertirlas en necesidades absolutas es lo que suele meternos en problemas emocionales.

La aceptación siempre es condicional. Lo más sostenible es construir relaciones donde se toleren las imperfecciones, donde las personas nos quieran por quienes somos, no por aparentar perfección. Algunas personas lo harán y otras no, y eso no significa que haya algo mal contigo.

Una meta más realista podría ser esta:

“Me gustaría ser aceptado y querido por la mayoría de las personas que considero importantes, aunque sé que no depende completamente de mí”.

No ser amado o aprobado por todos puede ser frustrante, sí.

Pero no es catastrófico, ni define tu valor como persona.


Conclusión

Buscar conexión y afecto es parte de ser humano. El problema comienza cuando creemos que nuestro valor depende de gustarle a todos.

Cuanto más te permites ser tú mismo (con aciertos, errores e imperfecciones), más espacio das a relaciones genuinas y menos poder tiene el miedo al rechazo.

No necesitas agradarle a todos para tener una vida valiosa. Puede ser incómodo al inicio, pero una vez que te deshaces de este tipo de creencias tan restrictivas, es muy liberador.

¿Necesitas acompañamiento?

Si te identificaste con este tema y quieres aprender más sobre las creencias irracionales, puede interesarte este enlace:

¿Qué son y cómo se manejan las creencias irracionales?

O ver este video:

Y si te interesa abordarlas con apoyo profesional, puedes hacer contacto conmigo aquí.

También puedes seguirme en mi página de Facebook, donde comparto herramientas sobre salud mental, autoestima, relaciones, terapia infantil y más.

Gracias por leer hasta aquí. ¡Deseo que esta información te ayude a vivir mejor!

Publicado por Carlos Morales

Soy psicoterapeuta de enfoque clínico cognitivo conductual con 7 años de experiencia con niños, adultos y parejas. Escribo en esta página y en Facebook para explicar mejor sobre usos prácticos de la psicología, además de promocionar mis servicios por medio de la información, mi mayor interés es orientar de forma comprensible cómo sirve la psicología para derribar mitos y dar herramientas para mejorar la calidad de vida de las personas.

Dejar un comentario